La rapidez con la actuaron sus superiores fue sorprendente. Inmediatamente se supo del “incidente” fueron destituidos. Y eso precisamente marcaba la gravedad de lo ocurrido. Aquí no hubo investigación interna o suspensión de su cargo mientras se averiguaba que había pasado. En esta ocasión fue destitución fulminante y entrega de los acusados al departamento de Alguacil del Condado de Maricopa en Arizona para ser llevados a la cárcel y tener que responder como ciudadanos simples y comunes.
Lo ocurrido con los ahora ex oficiales del Departamento de Policía de Phoenix, Luis Vasquez Jr. y Antonio Felix disparó las alarmas sobre qué está ocurriendo al interior del cuerpo policial, pero sobre todo, la gente se pregunta en manos de quiénes está la seguridad de la comunidad. ¿Se supone que la policía tiene que defender a la población de los criminales o no ?
Para eso son seleccionados, entrenados y juramentados. Además cobran sus salarios con el pago de impuestos que hacen todos quienes viven en la ciudad. Y entonces cómo es que terminan yendo en contra de quienes deben defender.
¡Que alguien nos explique! Cómo es que una parada de tránsito termina en un caso de abuso policial, secuestro, asalto agravado, utilización de teasers, manipulación de evidencia y hasta amenazas de muerte por parte de quienes representaban a “la autoridad”
Increíble pero cierto. Y peor aún cuando los oficiales, que se movilizaban en una patrulla marcada, no avisaron de la acción que estaban realizando, no reportaron a sus superiores, no pidieron refuerzos, mejor dicho no siguieron los conductos regulares exigidos por la institución. ¡Todo lo hicieron por sus pistolas!
Una verdadera verguenza como se podía ver en la expresión del jefe de policía Matt Giordano cuando tuvo que poner la cara frente a los medios de comunicación y el público en general para reconocer la gravedad de lo ocurrido y comprometerse a colaborar con el proceso de investigación para que se sepa la verdad y se haga justicia, pero también para comprometerse a analizar qué está pasando en el precinto de South Mountain, en donde estaban asignados los oficiales protagonistas de este penoso incidente, y en todo el Departamento de Policía de Phoenix, que en los últimos años ha tenido que soportar varios escándalos e incluso una investigación del Departamento de Justicia de los Estados Unidos.
Algo no va bien al interior de esa institución. Esto parece estar claro. Por eso es urgente hacer un diagnóstico profundo y serio que permita empezar a tomar todos los correctivos necesarios. La misma fiscalía general del condado ha tomado cartas en el asunto y ha presentado su pliego de quejas contra los dos ex oficiales.
Todo ya está en manos de las autoridades competentes. A cada acusado se le impuso una fianza de cien mil dólares que fue pagada y aunque ya recobraron la libertad tendrán que responder por todos los cargos en su contra. Ya no pertenecen a la corporación policial, ahora tendrán que responder como ciudadanos comunes y corrientes, pero nunca se podrá olvidar que lo que hicieron ocurrió cuando portaban el uniforme y representaban a la institución.
Y esto deja muy presente que en situaciones como estas no solo está en juego la responsabilidad de las personas, aquí está de por medio el nombre de la entidad y sobre todo la credibilidad y la confianza ante la comunidad. Para combatir el crimen y hacer vecindarios más seguros debe existir una fuerte y honesta relación entre policías y ciudadanos, entre la autoridad y la gente del común, si esto se rompe o no existe, el único triunfador sería el mal y los reyes serían los criminales.
¡Ojos abiertos, oídos despiertos!