Es domingo por la mañana y en un pequeño templo al noroeste de la ciudad de Phoenix, decenas de personas se reúnen fervorosamente frente a un altar muy peculiar. Entre el aroma a incienso, el parpadeo de las veladoras, e inmensos ramos de rosas, sobresale la imponente presencia de figuras ataviadas con mantos de colores, figuras que personifican a la Santa Muerte. Para quienes están allí, no se trata simplemente de una representación de la muerte. Es una figura espiritual a la que acuden en busca de protección, salud, amor, trabajo o simplemente compañía y en torno a la cual, cada domingo rinden culto oficiando una misa.
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Al frente está Patsy López, fundadora de esta comunidad y ministra del templo, quien es la encargada de oficiar la ceremonia, una ceremonia que incluye lecturas, cantos, ofrendas y oraciones específicas dedicadas a la imagen de la “Niña Blanca”. Todo esto manteniendo una estructura muy parecida a la misa tradicional de la Iglesia Católica.
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Desde niños hasta ancianos hacen parte de esta celebración.
Es así como la devoción a la Santa Muerte ha dejado de ser un secreto marginal para convertirse en el epicentro de una vibrante comunidad espiritual en Arizona. Lejos de los prejuicios y la incomprensión, lo que comenzó como un modesto comercio de artículos devocionales se ha transformado en un santuario de fe, refugio y hermandad que se ha hecho pequeño para la cantidad de fieles que se da cita cada domingo y ahora proyecta su crecimiento hacia nuevos horizontes en el estado con un templo de mayores dimensiones en Heber, Arizona.
Negocio: Del mostrador al altar
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La génesis de este movimiento comunitario tiene raíces profundamente cotidianas y comerciales. Todo comenzó cuando sus fundadores decidieron consagrarse a la denominada "Huesuda" en busca de un sustento y guía en momentos difíciles. Tal como relata Virginio García, comerciante, esposo de Patsy y devoto al frente del establecimiento: “Hicimos esto porque realmente nos hicimos devotos a ella, le pedimos una oportunidad, en una etapa en que estábamos mal, se puede decir, y le pedimos una ayuda y ella nos brindó eso. En respuesta a eso le prometimos que la íbamos a dar a conocer hasta donde ella nos permitiera”
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Impulsados por esa fe y el agradecimiento, decidieron abrir un espacio dedicado exclusivamente a comercializar todo lo relacionado con la Santa Muerte. Lo que empezó como una tienda donde se ofrecían amuletos, velas preparadas y las tradicionales estatuas, despegó rápidamente gracias a una demanda incesante. El negocio se ha expandido más allá de las fronteras locales, atendiendo pedidos y envíos a todo Estados Unidos y el extranjero: “La mayoría viene por sus estatuas, muchos vienen por mazos... Realmente compran de todo: amuletos, velas preparadas... Cada color tiene su significado, y la verdad se vende de todo.”
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Y es que cada objeto que venden es personalizado. En el caso de las estatuas el propio Virginio se encarga de darles vida y color a cada figura de la Santa Muerte tal y como la quiere el cliente. Patsy también es experta creando la vestimenta de estas figuras sagradas.
Pero con el tiempo, las cuatro paredes de la tienda resultaron insuficientes para contener la creciente red de creyentes que buscaban un sitio seguro donde compartir sus vivencias y por ello crearon paralelamente el templo. El local está dividido en dos partes. Una es la tienda y la otra el templo. Para entrar al templo es necesario cruzar por la tienda.
Devoción: Consuelo frente al juicio
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Para los fieles, la relación con la Santa Muerte está marcada por la gratitud, la fe y, en algunos casos, por experiencias que describen como milagrosas o transformadoras. En un entorno social donde el culto suele ser malinterpretado o estigmatizado, los creyentes defienden la autenticidad de su devoción y reclaman respeto por sus creencias.
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Patsy, como devota y fundadora de esta comunidad, enfatiza la importancia de la tolerancia y el respeto mutuo entre distintas creencias: “Yo invito a la gente a no juzgar sobre otras religiones sin tener conocimiento de ello; no estamos aquí para atacar ninguna religión y mucho menos para suplantar ninguna congregación”.
Esa percepción de ser juzgados aparece también en los testimonios de quienes llegan al lugar. Para algunos, acercarse a la Santa Muerte ha significado encontrar un espacio de tranquilidad y acompañamiento. Juan Valdez, uno de los devotos explica que su vínculo comenzó desde la infancia, por influencia de su familia, y que durante las ceremonias encuentra una sensación de paz: “Cuando uno está en misa, se siente una tranquilidad y pues siempre es con respeto hacia todos, hacia toda la gente, tanto entre nosotros como fuera”.
Angelica Chilaca, devota de la Santa Muerte muestra su tatuaje
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Para otros, la devoción está relacionada directamente con una experiencia personal que consideran un milagro. Como es el caso de Angélica Chilaca quien asegura ser también creyente católica y nos cuenta que recurrió a la Santa Muerte cuando su padre enfrentaba una situación que parecía no tener salida. Como promesa, decidió tatuarse su imagen si su petición se cumplía. Según relata, así ocurrió y cumplió su promesa.
Pero el temor al juicio social también ha marcado el camino de algunos creyentes. La misma mujer reconoce que, aunque ya tenía fe, durante mucho tiempo evitó acercarse públicamente al culto: “Me daba miedo porque, como el que critica la gente, entonces por eso como que me ocultaba un poquito, no salir por el qué dirá”. Hoy, dice sentirse más libre de acudir al lugar.
En otros casos, la devoción aparece ligada a momentos particularmente difíciles. Jesús Felix, un joven devoto, cuenta que conoció a la Santa Muerte a través de un sueño y que posteriormente comenzó a aprender sobre ella. Su relación con la figura se fortaleció, según relata, después de atravesar un periodo en prisión: “Ella me ha ayudado en mis tiempos más bajos en la vida. Salí de la prisión. Me querían dar unos años, y yo le hice unas promesas y cumplió, yo cumplí con ella y ella cumplió conmigo”.
Para él, una de las razones más poderosas para seguirla es precisamente la sensación de no ser rechazado: “Cuando eres la oveja negra de la familia te dan la espalda, te dejan abajo; pero con la Santita, aunque eres la oveja negra o alguien malo o bueno, lo que sea, ella nunca te da la espalda y siempre está ahí”.
Otra devota describe una experiencia distinta, pero igualmente vinculada a la reconstrucción personal. Brenda Navarro cuenta que llegó al lugar casi por casualidad, mientras atravesaba problemas personales, y que algo en el espacio llamó su atención. Después de comenzar a creer en la Santa Muerte, asegura haber experimentado un cambio profundo en su manera de ver la vida: “Como que ella me hizo renacer. Me hizo creer o cómo vivir en el momento, ver la vida muy diferente a como yo la miraba”.
Aunque se identifica como católica y mantiene su creencia en Dios, explica que también encontró un espacio para su devoción a la Santa Muerte.
Para Brenda, además, existe una distancia entre la imagen que muchas personas tienen del culto y su propia experiencia. “No es nada de lo que la gente piensa o lo que comentan”, afirma. Recuerda que ella misma creció con miedo a la figura por lo que escuchaba de otras personas, pero asegura que su experiencia ha sido completamente diferente: “Ella es amor… La vibra que ella da es muy bonita. Nada que ver con lo que la gente dice o piensa”.
Los testimonios recogidos en esta comunidad muestran así una constante: más allá de las diferentes razones por las que cada persona llegó hasta la Santa Muerte, sus devotos describen su relación con ella como una fuente de fe, fortaleza y acompañamiento en momentos de vulnerabilidad. Para Patsy, ese sentimiento también debería ser entendido desde el respeto: “Creemos que la Santa Muerte ha sido una bendición en nuestras vidas, que nos ha escuchado, que nos ha reconstruido cuando más hemos necesitado”.
Y frente a quienes cuestionan o rechazan esta devoción, su mensaje es directo: “Dejar de incitar al odio y dejar de juzgar otras religiones simplemente porque pensamos diferente”.
Comunidad: Un refugio contra la rutina y la soledad
Los retiros espirituales también hacen parte de las dinámicas que esta comunidad ofrece a sus fieles. Pero encontrar lugares donde puedan llevarlos a cabo ha sido todo un reto y en muchas ocasiones hasta los han rechazado.
Esas dificultades sumadas a que esta congregación ha superado todas las expectativas locales debido a la gran afluencia de fieles, son el punto de partida del gran proyecto comunitario “El manto Sagrado”, un espacio que busca ofrecer un remanso de paz donde nadie sea juzgado por su fe: “Buscamos un lugar donde no nos sintamos juzgados o amenazados por el simple hecho de pensar diferente... darnos un tiempo y un espacio para la gente que lo necesita, porque hay muchas personas que viven el día a día trabajando y esforzándose y que ni siquiera tienen un tiempo para ellos mismos de recrearse.”
Expansión: Nuevos horizontes en el estado de Arizona
Este es el terreno en Heber, Arizona, donde se va a construír el templo más grande a la Santa Muerte en todo Estados Unidos
Crédito: Cortesía: Patsy Lopez
Actualmente, la comunidad se encuentra consolidando sus bases para dar el salto definitivo hacia la construcción de un gran complejo en la zona rural de Heber, Arizona. Un lugar exclusivo para todos los devotos de la Santa Muerte, no solo de Arizona sino de todo el mundo.
Ya cuentan con un terreno de 5 acres en el cual se están adecuando unas casas donde se llevarán a cabo los retiros espirituales y además se construirá la iglesia. Este será el templo más grande en todo Estados Unidos dedicado a la Santa Muerte: “Estoy buscando hacer una iglesia que pueda refugiar al menos unas quinientas personas. Estamos haciendo una recaudación de fondos para dar el down payment de la iglesia. ya puse unas casas donde vamos a empezar retiros que servirán para recaudar un poco de fondos extra para iniciar la iglesia.”
Con un plan de desarrollo estimado a uno o dos años y un esfuerzo sostenido de recaudación de fondos y retiros previos en casas asignadas, la comunidad se prepara para materializar este ambicioso proyecto que abrirá sus puertas a todos los creyentes de la Santa Muerte. “Este refugio va a ser más que nada un lugar donde se sientan protegidos, un lugar donde se sientan en familia y donde sientan que no tienen que esconderse o no tienen que ser juzgados por su religión. Quiero que se sientan en casa, quiero que convivan con otras personas de otros países o otros estados y que platiquen sus experiencias, que disfruten su culto y que puedan compartir todo lo que nuestra Santísima Muerte les ha brindado”
Asimismo, se ha estructurado una red de apoyo mutuo que incluye iniciativas como una cocina comunitaria, concebida para entrelazar lazos fraternos y acoger a quienes llegan de diferentes ciudades y estados en busca de consuelo e identidad compartida. De manera que “El manto Sagrado” cobije a todos y cada uno de los fieles seguidores de la también llamada “Madrina”
Lejos de los mitos urbanos, el templo en Heber aspira a consolidarse como un hogar abierto y seguro, donde la fe en la Santa Muerte continúe uniendo vidas, sanando historias y expandiendo sus horizontes por todo el territorio estadounidense.
¿Qué es la Santa Muerte?
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Es una figura de devoción popular mexicana que personifica a la muerte, venerada como una entidad milagrosa a la que se le atribuyen favores relacionados con la protección, la salud, el amor y la justicia. Sus seguidores (devotos) la representan comúnmente como una esquelética figura femenina vestida con túnicas de distintos colores y portando una guadaña. (Andrew R. Chesnut, Devoted to Death (Oxford University Press, 2012).
¿Cómo surgió?
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Su culto moderno despegó públicamente a principios de la década de 2000 (especialmente con su salida a la luz pública en Tepito, Ciudad de México, en 2001). Los académicos señalan que su origen es sincrético: combina elementos de las culturas prehispánicas (como las deidades de la muerte mexicas), la danza macabra del catolicismo colonial europeo y la popular iconografía de calaveras de José Guadalupe Posada de principios del siglo XX. (Perla Fragoso, «De la calavera domada a la subversión santificada», Cotidiano (2011).
¿Por qué la Iglesia católica la rechaza?
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La Iglesia católica la condena y la rechaza firmemente porque considera su culto como una práctica idolátrica, supersticiosa y contraria a la fe cristiana. Argumenta que la muerte no es una entidad divina ni un ser intercesor, sino una condición humana que fue vencida por la resurrección de Jesucristo, por lo que rendirle culto o devoción es teológicamente incompatible con el catolicismo. Crédito: Declaraciones institucionales de la Conferencia del Episcopado Mexicano y del Vaticano (como las emitidas por el cardenal Gianfranco Ravasi).