A pocas semanas de las elecciones generales del 12 de abril, el Perú se encamina hacia uno de los procesos electorales más fragmentados de su historia reciente. La proliferación de partidos políticos, el elevado número de candidaturas presidenciales y parlamentarias, y la persistente crisis de representación configuran un escenario de alta incertidumbre, enmarcado además por problemas estructurales como la inestabilidad política, inseguridad ciudadana y la desconfianza institucional.
Retorno a la bicameralidad y controversias institucionales
En esta jornada electoral se elegirá al presidente de la República, a los integrantes del restituido Congreso bicameral —60 senadores y 130 diputados— y a los representantes ante el Parlamento Andino. Sin embargo, el rediseño institucional no ha estado exento de controversias. El actual Congreso, con el respaldo del Ejecutivo, impulsó el retorno a la bicameralidad pese a que una propuesta similar fue rechazada en referéndum años atrás. Asimismo, se aprobaron modificaciones que facilitan la reelección parlamentaria, permitiendo que 88 legisladores en funciones vuelvan a postular.
Debilidad del sistema partidario y proliferación de candidaturas
Más allá del debate institucional, el dato más revelador es la magnitud de la oferta electoral. Un total de 36 candidatos presidenciales, con sus dos candidatos a la vice-presidencia competirán en representación de igual número de organizaciones políticas, cifra inédita que refleja la debilidad del sistema partidario peruano. Desde la década de 1990, el país ha experimentado una progresiva erosión de los partidos tradicionales, reemplazados por movimientos de corta duración, frecuentemente personalistas o regionales y articulados alrededor de liderazgos individuales antes que de plataformas programáticas sólidas.
La legislación electoral vigente tampoco establece filtros estrictos en los procesos internos, lo que facilita la inscripción de nuevas agrupaciones sin una estructura nacional consolidada. Como consecuencia, el voto tiende a dispersarse, dificultando la construcción de mayorías sólidas.
Cifras récord en la competencia legislativa
De acuerdo con datos preliminares del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), más de 3.000 candidatos aspiran a uno de los 60 escaños del Senado, mientras alrededor de 6.000 compiten por las 130 curules en la Cámara de Diputados. A ello se suman cerca de 600 postulantes para el Parlamento Andino.
Encuestas y alta indecisión ciudadana
Las encuestas reflejan el impacto de esta fragmentación. Ningún candidato presidencial supera el 15 % de intención de voto. Rafael López Aliaga (Renovación Popular) lidera con alrededor del 11 %, seguido por Keiko Fujimori (Fuerza Popular) con 8 %. Otros aspirantes, como Alfonso López Chau (Ahora Nación) y Carlos Álvarez (País para Todos), rondan el 5 %. Sin embargo, el dato más significativo es que más del 70 % del electorado se declara indeciso o inclinado a votar en blanco o nulo.
Gobernabilidad y desafíos estructurales
Este nivel de desafección revela no solo una competencia abierta, sino también una crisis de legitimidad del sistema político. En un contexto donde ningún candidato parece capaz de alcanzar la mayoría absoluta en primera vuelta, todo apunta a una segunda ronda electoral prevista para el 7 de junio.
El desafío central no radica únicamente en definir quién gobernará el país, sino en determinar si el próximo liderazgo contará con suficiente respaldo político y parlamentario para enfrentar problemas estructurales como la inestabilidad política, corrupción, inseguridad, la desaceleración económica y los conflictos sociales.
Rol del sistema electoral
En este contexto, el acceso a la información oficial resulta clave. Las hojas de vida de los candidatos, planes de gobierno de los partidos y datos del proceso electoral pueden consultarse a través del Jurado Nacional de Elecciones, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) y el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (RENIEC), instituciones que integran el sistema electoral peruano.
Una prueba para la estabilidad democrática
Más que una simple contienda electoral, el proceso de 2026 se perfila como una prueba decisiva para la estabilidad democrática del Perú. La fragmentación partidaria, la debilidad de las organizaciones políticas y la apatía ciudadana plantean interrogantes sobre la gobernabilidad futura y la capacidad del sistema para reconstruir confianza en las instituciones. De ahí la necesidad de que exista, entre los candidatos, una competencia sana, responsable y de confrontación de ideas; así como la facilidad de información y educación del electorado, para que pueda emitir un voto de conciencia, válido y de responsabilidad cívica, a fin de contribuir a la recuperación económica y política del Perú.
Crédito: Canva IA
Perú: Elecciones 2026 en un escenario de fragmentación e incertidumbre
Publicado por Por: Francisco Jauregui el 19 Feb 2026
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